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Por The Mood Project | 23 junio, 2014

Bajo el timón de la marca

En el actual marco de transformación empresarial, política y social, cada día nacen nuevas y originales propuestas empresariales que se enfrentan al reto de sobrevivir y destacar entre sus competidores, durante el máximo tiempo posible.

Algunas incluso comienzan navegando en océanos azules sin competencia durante el tiempo que dura una travesía y pasado el mismo, apuestan por la innovación de valor para evitar el naufragio.

En los inicios, las empresas de nueva creación suelen invertir la totalidad de los esfuerzos y recursos en definir el plan de negocio, reunir financiación y superar los dos primeros años de exposición para, poco a poco, ir prestando atención a la promoción de sus productos y servicios. Emprender supone muchos riesgos y por esta razón, movidas por esa “precaución” a menudo cometen el error de priorizar decisiones en detrimento de otras que a simple vista no parecen fundamentales, como la creación de marca.

La consecuencia es que en muchas ocasiones nuestro logotipo, la página web, los canales de venta, la formación a empleados, los argumentarios de venta, la presencia en redes sociales, la elección de puntos de venta y un largo etcétera, son víctimas de decisiones tomadas de forma aislada. Decisiones que si no van alineadas, las personas internas y externas a tu marca no llegarán a entenderlas.

En demasiadas ocasiones no valoramos la creación de una identidad de marca potente capaz de influir en la percepción de las personas. En demasiadas ocasiones, además, ignoramos que es precisamente la construcción de una marca fuerte aquello que define el rumbo de todas las acciones que hace o que no hace la empresa.

Emprender supone muchos riesgos y una forma de afrontarlos es ir construyendo una marca fuerte, capaz de generar valor a las personas que se relacionan con ella.

Por este motivo, antes de soltar amarras, comprueba que los aparejos funcionarán sin titubeos en las peores tormentas, y…

… analiza el mercado y define el lugar que deseas ocupar en él.

… encuentra a tus clientes e identifica sus deseos, el grado de relación y satisfacción que tienen con las empresas del sector.

… define el lugar que quieres ocupar con tu marca en la vida de las personas e identifica las palancas que necesitas para saber cómo dirigirte a ese lugar.

… declara tu proposición de valor y tu promesa de marca.

… reflexiona sobre los valores y atributos de tu marca.

… invierte en tu identidad visual y verbal los recursos económicos y humanos necesarios porque será clave para ser diferencial.

… preocúpate por definir una personalidad y tono de voz propios porque de ello dependerá tu comportamiento.

… organiza tus productos para optimizar procesos, generar sinergias y para que tu portafolio sea entendido por tus clientes.

… plantéate tu relación con las personas como una relación de amor, donde la exhibición, la conquista, el cumplimiento de promesas, la generación de experiencias, la conservación del interés, la fidelidad y el diálogo constante, marcarán la diferencia.

No se trata de flotar, sino de que tu rumbo genere expectación en el camino.

Se trata de considerar tu marca como el elemento clave para comenzar tu actividad, sea cual sea. Se trata de aprovechar la oportunidad de hacerlo desde el principio para definir la dirección de todas tus acciones tácticas y estratégicas. Y una vez dispuesto, se trata de compromiso.