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Por Alex Martínez | 8 septiembre, 2015

La era de la segmentación postdemográfica

A la hora de comprender y aproximarnos al comportamiento del consumidor, los segmentos demográficos tradicionales como la edad, el sexo o los ingresos están perdiendo cada vez más fuerza. En la actualidad, los usuarios son más libres que nunca: su estilo de vida es camaleónico y su consumo cada vez más líquido. Su comportamiento ha cambiado, es más complejo y dinámico, por lo que es muy difícil entenderlo de forma estrictamente racional. Las personas buscan construir su propia identidad a través del consumo, pero no sólo eso, sino que adoptan diferentes roles en función del momento en el que se encuentran y la necesidad que tienen en cada uno de esos momentos. De hecho, hemos dejado de ser sólo una cosa: un estudiante también puede ser deportista, una madre ama de casa también puede ser un profesional en activo.

El funcionamiento del mercado está evolucionando y, en consecuencia, el modelo de segmentación está derivando en una comprensión mucho más actitudinal de las personas, de sus aspiraciones y deseos. Ya no existe una única forma de hacer las cosas o de ver la vida, las personas quieren diferenciarse y forjar su propio estilo.

Las marcas deben comprender este cambio y satisfacer las expectativas de los consumidores, ansiosos por autoexpresarse y vivir intensamente cada etapa de su vida.

Así pues, la llamada segmentación post-demográfica representa una verdadera oportunidad no sólo para “apuntar” mejor las acciones de marketing, publicidad o innovación -detectando mejor las necesidades del target- sino para conectar realmente con el consumidor.

Una segmentación actitudinal del target permite apelar a las necesidades tanto racionales como emocionales del público dependiendo más del momento en el que se encuentra y no de quién es.

Las marcas tienen la opción de humanizarse mucho más y de establecer relaciones duraderas que fidelicen a su público, relaciones que los acerquen y hagan que hablen un mismo idioma. La segmentación actitudinal del público permite a las marcas diferenciarse y competir de forma efectiva, haciéndose un hueco de honor en la vida de los consumidores, integrándose en su día a día y compartiendo valores, lifestyle y filosofía.

En The Mood Project ayudamos a las marcas a comprender una realidad cada vez más compleja y llena de matices para conectar y sorprender a sus consumidores. Creemos que si las marcas quieren ser importantes para las personas, las personas (y su forma de ver el mundo) lo tienen que ser también para las marcas.