Instagram y los community managers: un amor complicado

Existen diferencias fundamentales en cómo los community managers profesionales usamos las redes sociales comparado con cómo lo hacen los usuarios normales. Una de las más destacadas es el acceso a la propia red: en un mundo en el que cada vez más gente accede a Facebook desde el móvil, los communities reservamos los dispositivos para coberturas in situ o para trabajar cuando no estamos en nuestro puesto habitual.

Pero por lo general, manejamos las redes desde el vetusto y arcaico sistema del ordenador, con teclado y todo. Esto es indispensable no sólo por la comodidad, sino porque necesitamos acceder a secciones de administración de las redes sociales a las que es incómodo o imposible acceder desde el móvil. Intentad crear una campaña de promoción en Facebook desde vuestro iPhone, venga.

Es por esto que muchos community managers cambiamos nuestro estado a “en una relación complicada” cuando tenemos que trabajar con Instagram.

Por un lado, tenemos una red social con un público que tiene buen “engagement” y que da feedback respecto a los contenidos de una manera mucho más activa que el público de Twitter, por ejemplo, e incluso el de Facebook. Instagram es cómodo para el usuario, rápido, visual y ha creado su propio lenguaje dentro de la red y esto ha hecho que sea la red social que más crece.

Y es un auténtico engorro para los community managers. ¿Por qué?

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Instagram se ha concentrado tanto en dispositivos móviles que ha dejado de lado el uso de la red desde el escritorio de ordenador casi por completo. Un community manager no puede subir fotografías desde su ordenador como puede tuitear o publicar en Facebook. Necesita sacar su teléfono móvil, navegar por los archivos de su teléfono (con la limitación de tratamiento fotográfico que esto comporta) y publicar usando una interfaz incómoda, en especial si se necesita introducir mucho texto.

Las pocas mejoras que se han implementado han venido con cuentagotas y tarde si las comparamos con el resto de redes sociales. Hasta 2011 no se podía navegar por los hashtags, algo que en Twitter se podía hacer desde años antes.

Y en cuanto a las estadísticas, una parte integral del trabajo del CM de cara al cliente… mejor no hablar. Estamos acabando 2015 e Instagram sigue sin ofrecer un sistema nativo de métricas sociales. Para conseguir tener cierta visibilidad de crecimiento y de engagement con los usuarios hay que acudir a programas de terceros como Iconosquare. O apuntar todos los días por la mañana o antes de irte a casa los datos que necesitas para hacer informes después.

No creo que esto se deba a limitaciones técnicas sino a la cultura instagrammer que Instagram tanto se ha preocupado en cultivar a lo largo del tiempo.

Instagram ha aspirado desde siempre a ser algo espontáneo, fresco y rápido y, hasta hace poco, ha tenido un tremendo éxito comercial sin publicidad. Pocos pueden presumir de haber conseguido esto.

Y esta visión choca frontalmente con la planificación de contenidos y la promoción en redes sociales con la que solemos trabajar los que gestionamos redes sociales corporativas.

Instagram es un canal muy tentador para los clientes, pero es difícil llevar el timón de una red social que ha basado todo contenido muy personal de sus usuarios y no ha dejado espacio para la comunicación corporativa y medios tal cual se da en otras redes sociales.

O al menos, esto era así hasta ahora. Instagram ya tiene publicidad, por cierto gestionada a través de Facebook, la empresa propietaria. Este cambio podría acelerar una serie de cambios muy necesitados con el foco hacia la empresa.

¿Cómo reaccionará el público al que la cultura popular más ha identificado con el hipster a la introducción de algo tan mainstream como la publicidad en redes sociales? #sóloeltiempolodirá.

Categorías Digital y Social Media, Opinión

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