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Por The Mood Project | 18/09/2013

(Auto)realización: yo, solo mejor

Internet nos brinda la oportunidad de crecer como personas y mostrarnos al mundo. Hoy reflexionamos sobre una nueva tendencia de Trendwatching que saca lo mejor que llevamos dentro.

Evolución, superación, autorrealización… seguro que estas palabras os resultan familiares. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos sentimos la necesidad urgente (y a veces impuesta) de mejorar constantemente. Queremos ser más exitosos, más populares, más atractivos, más inteligentes… y hemos tomado consciencia de nuestro estado físico, mental y espiritual con el objetivo de sentirnos satisfechos con nosotros mismos. El psicólogo Abraham Maslow situaba este nivel de autorrealización en el pico de su famosa pirámide de necesidades con la que ordenaba los distintos tipos de necesidades básicas a lo largo de la evolución de las sociedades. Así, tras haber conseguido cubrir nuestras necesidades fisiológicas (comer, beber, dormir), de seguridad (sentirse seguro y a salvo), de afiliación (pertenecer a un grupo) y de reconocimiento (afecto y respeto) parece que nos estamos acercando a ese último eslabón de satisfacción personal característico de las sociedades consumistas.

Sin embargo, a pesar de acercarnos cada vez más a ese estadio último parece que aún damos más importancia al reconocimiento personal por parte de los demás que a nuestra propia aceptación. La adopción de las nuevas tecnologías y plataformas digitales está jugando un papel fundamental en esta carrera hacia un «yo» mejor ayudándonos a conocernos cada día un poco mejor. Nuestro estado de ánimo, nuestra capacidad mental, nuestro peso o la situación de nuestras finanzas son solo algunas de las cosas que podemos conocer y medir gracias a las incontables herramientas tecnológicas de las que disponemos para luego compartirlo con los demás. Porque buscamos productos y servicios que nos ayuden a sentirnos mejor con nosotros mismos y, en última instancia, se conviertan en una demostración de nuestro status.

La relación marca-consumidor también se ve afectada por esta tendencia y éste último tiene un rol mucho más pro-activo que antaño. Las marcas deben saber escuchar a sus usuarios, dialogar con ellos y permitirles participar y recomendar para que se sientan realizados y satisfechos con su aportación en un producto que les facilita la vida. Para ello, es necesario motivar al consumidor compartiendo sus mismos valores, recompensándole con incentivos tangibles adaptados a sus necesidades y, sobre todo, ofreciéndole la posibilidad de mostrar una imagen positiva ante los demás. Muchas marcas ya se están dando cuenta de la gran oportunidad que esto implica y han creado aplicaciones para facilitar la vida de sus usuarios y, al mismo tiempo, generar historias dignas de ser contadas. Es el caso, por ejemplo, de la campaña «Small Sacrifices» que ING Direct lanzó en Canadá, donde a través de una aplicación móvil, ayudaba a sus usuarios a ahorrar dinero a diario dándoles pequeños consejos. Éstos, a su vez, podían cuantificar sus ahorros, marcarse objetivos y, como no, compartir sus logros en las redes sociales. Otras van un poco más allá y crean aplicaciones de auto-seguimiento a través de juegos o competiciones entre usuarios, dándoles un toque más ameno y mucho más atractivo. Así, en los últimos años han aparecido iniciativas que ayudan a los usuarios a mejorar su estado físico, mental, emocional y social a través de retos diarios como Super Better, una aplicación que te motiva a dejar de fumar, perder peso o hasta olvidarte de tu ex-pareja a modo de competición y en la que los familiares y amigos pueden registrarse para animarte durante el proceso de autosuperación.

Otra de las posibilidades que se plantean es incentivar a los usuarios a conectar, colaborar y construir comunidades alrededor de las marcas que tengan una repercusión real en sus vidas. El operador móvil británico EE, por ejemplo, decidió homenajear a «Los primeros» creando en Twitter una comunidad de personas que hubieran sido los primeros en hacer cualquier cosa, conectando a su vez con los valores de la marca. Peugeot, por su parte, promovió sus vehículos en 2012 a través de la red social Pinterest creando boards con imágenes incompletas de sus coches invitando a los usuarios a encontrar las piezas extraviadas para ganar suculentos premios.

Por último, otras marcas deciden estimular los conocimientos de sus clientes como símbolo de status, dándoles la oportunidad de definir su identidad por lo que saben y no por lo que tienen. Plataformas sociales que permiten compartir conocimientos, microblogging con conversaciones en tiempo real, workshops, seminarios y eventos son algunas de las herramientas que se utilizan para permitir que el conocimiento fluya por la red. Formaciones específicas en el ámbito de la marca, como las becas de formación profesional de peluquería y estética impulsadas por L’Oréal o experiencias de marca destinadas a aprender diferentes aspectos de la vida, como la «School of Island Life» de Diesel, pretenden convertir el consumo de productos en experiencias de repercusión duradera en nuestras vidas.

En definitiva, consumimos productos y servicios que nos hacen sentir mejor y compartimos nuestro estilo, nuestros intereses y nuestras cualidades en el mundo virtual para sentirnos reconocidos y poder alcanzar ese estadio de auto-realización que tanto deseamos. Internet nos ofrece grandes oportunidades para mostrarnos ante el mundo y las marcas deben ayudar al usuario a llegar a la plena satisfacción personal a través de sus propuestas… para que esas palabras de las que hablábamos al principio dejen de parecernos historias de película y se conviertan en el motor de nuestras vidas.

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